La sección Enfoque del Listín Diario hace un análisis que resulta interesante para los dominicanos en el exterior por lo cual compartimos con ustedes.

Ángel LockwardSanto Domingo, RD

Con un brusco y pragmático viraje, fruto de las circunstancias actuales, ha redefinido la Administración Abinader su política exterior en nuestros principales frentes: USA-China y Haití.

El Presidente de la República que al inicio de su gestión, con aires de entrega declaró nuestra clara y privilegiada relación con Estados Unidos frente a China, fruto de la cooperación asiática en la lucha frente al Covid – área en que Abinader aparece bien valorado – conversó virtualmente con el Presidente Chino Xi Jinping, esta semana, a quien agradeció el suministro – mediante la venta – de vacunas, una prioridad nacional: El mensaje – reactivo – es claro, buscaremos ayuda para esta emergencia en donde no nos la nieguen. La población ve eso bien.

Abinader, en ocasión de su juramentación lució el Presidente más pronorteamericano de los últimos 54 años; incluso algo más que Hipólito, ambos estudiaron en USA y son conservadores por naturaleza a pesar de que su partido “dice ser de la socialdemocracia”. Luís llegó incluso a designar funcionarios a cargo de políticas importantes por “sugerencia” de la Embajada: Balaguer se alineaba atendiendo a la realidad política que le correspondió vivir, pero ni los amaba ni era amado, tampoco Leonel y menos Danilo, vistos como provenientes de un partido de izquierda antisistema, aunque son más conservadores que quien escribe este enfoque.

China no sólo es un gigante voraz, ávido de materias primas, particularmente de América Latina, sino de espacio político que les asegure mercados y República Dominicana es un puente en inmejorable condiciones para el Caribe e Hispanoamérica, con una democracia y economía estables, fuera de discusión y a pesar de la Pandemia. En este momento ninguna economía del mundo está en condiciones de obviar el mercado de trabajo y exportación o de consumo Chino: No es la calidad la condición, estadio al que aún no llegan, son el precio y la cantidad los que derrotan a todos. Su enorme peso en los mercados desafío incluso las posturas extremas de Trump, durante cuya Administración el resto de América continuó siendo una área poblada – olvidada – que sólo generaba preocupación por la migración y el narcotráfico. El desaire alcanzó a Canadá – socio tradicionalmente privilegiado – y a México.

La cooperación de los tiempos de la Alianza para el Progreso de Kennedy, de la cooperación de los organismos multilaterales controlados por USA durante la Guerra Fría, de la Iniciativa de Reagan para la Cuenca del Caribe de la década de los 80, o del Área de Libre Comercio de las Américas de los 90 y los tratados de libre comercio surgidos tras su fracaso, con Trump, fueron cosas del pasado: Sólo el garrote enarboló mientras China le comía los caramelos en el bacanal de su arrogancia. El precio ha sido que los amarillos se le metieron en el área económica del patio.

D esde luego que las coincidencias tratadas por los presidentes esta semana resultan válidas y promueven relaciones alentadoras, ajena a la propaganda de que China sea una sociedad de valores democráticos: Le debemos respeto a su sistema pero de ahí a encontrar los valores políticos de nuestro sistema en el centenario de la fundación del Partido Comunista, hay una distancia insuperable: La Democracia permite que los estados que la practican comercien y cooperen con dictaduras de partidos de otras naciones, con respeto a los valores de cada pueblo, pero eso es distinto a comparar los valores de cada sistema y, sobre todo, Luis – con China – como Balaguer – con Cuba – por su perfil conservador, pueden tratar con gobiernos comunistas sin que a nadie se les ocurra vincularlos ideológicamente.

Algo menos clara es la cuestión del Río Masacre en la que nuestra triste Cancillería viene dando traspiés: Con Haití es imprescindible una política clara, algo de lo que sólo Trujillo – a pesar de sus crímenes – y Balaguer parecieron entender: Ese es nuestro principal problema y no tiene solución.

El manejo de las aguas de un riachuelo que es parte de la frontera, que nace y muere en territorio dominicano, a nadie se le ocurre que puede ser represado sin previamente consultar o negociar el tema con el Gobierno dominicano, cuestión que está prevista en nuestro primer tratado de hace 154 años y en el siguiente, del siglo pasado: La imagen es clara, el Masacre que nace en nuestras montañas y corre por la frontera entra a Haití, que la necesita, pero no regresará porque el recorrido de retorno hacia el mar en Manzanillo ha sido anulado por un canal construido por el Gobierno haitiano. Eso es inaceptable.

¿Estaría Haití contento si represamos el río Masacre, que es nuestro y discurre por nuestro territorio y les dejamos sin sus aguas? Claro que no ¿El mundo lo permitiría?

El territorio haitiano es un desierto de 22 mil km2 carente de vegetación por falta de aguas; las que tienen nacen en nuestra montañas y por ello, en cierta medida, somos responsables de ayudarles en el uso y disponibilidad de un líquido vital para las personas y el medio ambiente: El Agua no debería ser de nadie, sino de todos, pero disponer de ellas sin ni siquiera la cortesía de coordinar con nuestro Gobierno previamente, es un abuso que afecta la política de entendimiento y cooperación que debe animar a ambos estados.

Presidente, una Cancillería débil, carente de una política y visión clara referente a Haití, nerviosa y cambiante es un pecado que el país no puede permitirse, ni hoy ni nunca.

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